Se agotan en tres días los 10 mil preservativos gratuitos en la Villa Olímpica de Milán-Cortina
En apenas tres días, los 10 mil condones distribuidos en la Villa Olímpica de Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 se agotaron, según revelaron medios italianos, desatando conversación sobre una de las tradiciones más comentadas del olimpismo moderno.
Desde los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, la entrega de preservativos a los atletas forma parte de la logística oficial, una medida que comenzó en plena preocupación mundial por el VIH y que con el tiempo se convirtió en símbolo del ambiente social que se vive en la Villa Olímpica.
La cifra de este año contrasta con ediciones anteriores. En los Juegos Olímpicos de París 2024 se repartieron hasta 300 mil preservativos para 10 mil 500 deportistas, el doble que en Juegos Olímpicos de Londres 2012 y por debajo de los 450 mil distribuidos en Juegos Olímpicos de Río 2016 —100 mil femeninos y 350 mil masculinos—.
En los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, la pandemia de Covid-19 obligó a estrictas medidas sanitarias y distanciamiento, lo que cambió radicalmente la dinámica entre atletas.
Para Milán-Cortina, la organización contempló solo 10 mil preservativos debido a que participan alrededor de 2 mil 900 deportistas, repartidos en varias sedes, y muchos optaron por hospedarse en hoteles en lugar de la villa. Sin embargo, la demanda superó cualquier previsión. Una fuente citada por el diario italiano La Stampa aseguró que se prometió un nuevo lote, aunque sin fecha confirmada de entrega.
Más allá de la anécdota, el fenómeno tiene explicación. La exsaltadora alemana Susan Tiedtke, con dos diplomas olímpicos entre 1992 y 2000, explicó que el ambiente posterior a la competencia influye directamente.
“¿Sin sexo? Para mí, eso es imposible. El sexo siempre es un tema de conversación en la villa. Los atletas alcanzan su clímax físico en los Juegos Olímpicos. Cuando termina la competición, quieren liberar energía; hay una fiesta tras otra, y luego entra el alcohol. El sexo ocurre, e incluso hay bastantes personas que se esfuerzan por hacerlo”, relató.
Así, mientras las medallas se disputan en la nieve y el hielo, en la Villa Olímpica la intensidad competitiva parece trasladarse también a la vida social, manteniendo viva una tradición que, desde hace casi cuatro décadas, forma parte del lado menos visible —pero no menos comentado— de los Juegos.